La caja de zapatos

Cosas que me flipan, gente que admiro y mierdas que escribo.

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Categoría: Mierdas que escribo (página 2 de 4)

Mierdas que escribo, así en general.

Compartir es amar

Una vez leí en algún sitio algo tal que así:

No sé si es amor pero quiero enseñarle todos los sitios, libros, pelis, series y canciones que me gustan.

Y touché, ahí me dieron. Tuve que leerlo en letras ajenas para darme cuenta de cuál es mi modus operandi cuando amo a una persona, sean amigos, novietes, familia o conocidos. Compartir lo que te enamora es amar. Si comparto cosas con vosotros, sólo con vosotros (no me vale el muro de Facebook, no me vale este espacio), es que os quiero. Supongo que lo que persigo, más allá de que el receptor sepa cuáles son mis gustos, es que sienta, aunque sea, un 10% de lo que he vivido yo con “eso”.

Nunca me he cohibido de compartir cosas con nadie a quien aprecie hasta hace cuatro años, cuando se nos fue el aita y no quedó más remedio que aprender a asimilar que sus silencios se convertirían en uno demasiado largo, pesado y doloroso. Es muy jodido querer compartir cosas con personas que ya no están, pero… qué os voy a contar a vosotros de perder a gente por el camino.

Hace ocho meses dejé de compartir cosas con una persona por obligación y, a día de hoy, lo hago (con varias) por desilusión. No quiero colaborar al aumento de su felicidad, y mucho menos de su sabiduría. No cuando me demuestran que no son merecedores de ella. Ahora sé que es mi manera de decirles que no las amo, que no las admiro, que no quiero que aprendan. O lo que es peor: que me dan igual.

Supongo que es por eso que me enamoro de la gente que me cuenta sus hobbies, sus pasiones, sus gustos. De los que ven algo, caen en la cuenta de que te flipará y te lo descubren. Eso es amor. Al menos mi amor.

Microreflexiones #1: putoasco

El “para qué hablar si se puede elucubrar” como forma de relacionarse con los demás da putoasco. No temáis a la comunicación.

Hay un borrador para ti

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Cuando quieras abrir esa caja de pandora y que la mierda te salpique hasta las entrañas, me avisas.

P.D: Bendito Analytics.

 

Hechos son amores

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Supongo que decir que este lugar no tendrá sentido sin ti es una ñoñería que no te gustaría escuchar. Nunca fuiste de sentimentalismos, halagos o palabras bonitas. Recuerdo que hace unos veranos, cuando todavía recordabas mi nombre, sabías quién era, de dónde venía y a qué me dedicaba, me dijiste tajante “hechos son amores”. Y me gustó porque al fin comprendí la manera de ser de toda la familia, de esa familia que conseguiste alimentar cuando las palabras o los abrazos no daban de comer.

Sólo quiero que sepas que esa frase me marcó y que, lejos de agradecértelo o decirte lo mucho que me abriste los ojos, simplemente la adopté como estilo de vida. Porque, supongo, eso era lo que querías.

Fue tu manera de demostrarme amor, y es con lo que me quedo. Ahora y siempre.

Oda a los detalles (versión 2014)

¿En serio fui capaz de escribir esto en 2009? Añado pequeñas modificaciones para que el objetivo de 2015 sea terminar la historia de Martín y Laura. Se lo debo.  

Oda a los detalles Irati gonzalez

Estoy seguro de que ningún hombre ha captado la belleza de ese lunar. Es más, estoy seguro de que muchos de los chicos que la atosigan y flirtean con ella a las noches, incluso aquellos que han dormido con ella, ni siquiera se han percatado de su existencia. Pero yo sí.

Creo que he de presentarme antes de seguir explicando mi obsesión por el lunar de Laura. Soy Martín, un tipo “del montón” que decidió estudiar enfermería y, por ello, fue condenado a ser incomprendido por los machos ibéricos que piensan que mi profesión es “”de chicas””. Que les jodan; yo al menos me pasé cuatro años de carrera (algunas asignaturas se me torcieron) rodeado de féminas guapas y feas, inteligentes y bobas, creídas y humildes, que me enseñaron cómo tratar a una mujer y me convirtieron en el hombre con más conocimientos en el arte del ligoteo de mi grupo de amigos, aunque llevara al máximo el refrán ‘consejos vendo y para mí no tengo’. Pero volvamos al lunar.

Lo descubrí la primera vez que me topé con ella en el hospital. Compartíamos un paciente que llevaba más de dos semanas ingresado porque sus piernas fallaron y sus caderas dijeron “hasta aquí majete”. Juan Luis era mayor y las arrugas que maquillaban su rostro eran una especie de álbum de fotos que mostraban todos los momentos felices que había vivido. Le encantaba contar historias de sus días de militancia en el bando republicano, charletas que acompañaba con exagerados gestos y detalles que, a menudo, eran inútiles pero “”daban color a la historia””, como él decía.

El día que conocí a Juan Luis descubrí el lunar. Laura llevaba el pelo recogido en un moño mal peinado fruto de las prisas mañaneras. Entre la telaraña de cabello, asomó un pequeño punto, muy oscuro y diminuto, en el costado izquierdo de la nuca, a orillas de la cabellera. No pude evitar apartar la vista de él durante todo el chequeo y aún no sé por qué. Era un lunar como otro cualquiera, pero tenía la impresión de que acababa de dar con un tesoro.

– “En serio Martín, deja de leer novelas rosas y ver comedias románticas americanas. Te afecta demasiado-”. Ahí está la bendita sinceridad de Lucas, mi mejor amigo. Tenemos la mala costumbre de reunirnos los jueves para hablar de nuestras cosas mientras dejamos que la cerveza fluya por nuestras venas. Leer más

Acicates de carne y hueso

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Retomo este abandonadisisisisísimo blog. Vale ya de excusas, coño ya. Decenas de borradores en su haber y, por equis o por be, no termino clicando “Publicar”. Quizá pase lo mismo con este artículo. Veremos. 

Este mes asistí al último encuentro del año de On Egon, cuya “guest star” fue Maddalen (Maia en el mundo internetil), bloguera encargada de descubrirnos el mundo de los perfumes nicho en El tocador de Dorothy.

Me encantó su presentación: supo combinar a la perfección información relacionada con el nacimiento, trayectoria y “monetización” (por llamarlo de alguna manera) del blog con experiencias propias, anécdotas, consejos y pros/contras de gestionar un blog.

Si en algo coincidimos el corrillo de gente con la que charlé después de su presentación es que Maia había conseguido encender la chispita que hace que retomes un blog, que vuelvas a escribir, que sigas publicando (aunque te lea tu familia y tres gatos más).

Pasados los días me ha venido a la mente la charla de Maia en más de una ocasión y cómo una completa desconocida puede llegar a ponerte las pilas, a animarte, a motivarte para que dejes a un lado la pereza y “te obligues” a escribir.

También he estado pensando en cómo hacer que este espacio tenga más audiencia, en establecer temas específicos sobre los que hablar, en el tono que le quiero dar al blog… y sigo en blanco. No sé si realmente quiero tener una audiencia, posicionarme en una temática o conseguir 5.000 visitas al mes. Sólo sé que quiero seguir escribiendo y que quiero que esta caja de zapatos siga llenándose de textos (tengan sentido o no). Si encontramos el camino y el destino al que queremos llegar ¡perfecto!, pero pase lo que pase disfrutemos del proceso.

Vale ya de pereza, vale ya de excusas chorras que ni una misma se cree: todos esos borradores podían haber visto la luz. Vale ya de borradores, larga vida a las publicaciones.

P.D: No conozco a Maia personalmente, pero desde la humildad de este espacio, mil gracias por ser uno de mis acicates en 2014.

Respeto desde la ignorancia

No sé solfeo. Nunca he sabido interpretar una partitura, ni siquiera las fáciles que te dan para practicar cuando vas a la escuela: memorizaba los gestos de la txirula o me aprendía las canciones imaginando que la letra la componían las notas “Doooreeeeeemi…fasoldooolasidooo”. Tenía memoria, ritmo u oído, qué se yo. Eso no importa.

Recuerdo aquella casette de El rey León que escuché hasta la saciedad durante más de un año. Y la locura que vivía cada vez que escuchaba un tema de Michael Jackson. Cómo no podía evitar saltar con la tranquilidad que te da vivir en un primer piso cuando escuchaba Dookie  de Green Day. Los coros que hice a Lauryn con los Fuggees. La tranquilidad y los momentos de reflexión que me aportó Sabina. Lo difícil que era quitarse una melodía de los Beatles de encima y evitar tararearla después. Cosas así con sonidos así.

Este popurrí musical en el que he vivido durante toda mi vida (y no sé si también unido a mi nulo conocimiento técnico musical, no las tengo todas conmigo) me ha hecho entender la música de una manera que, cada día más, me doy cuenta de que hay mucha gente que no comparte. Y no es ni mejor ni peor, cuidao, simplemente es diferente.

Me he dado cuenta de que recuerdo y siento la música, pese a no tener ni idea de qué “suena bien” o la dificultad a la hora de interpretarla. Por encima de todo sitúo lo que me transmite. Y creo que exactamente lo mismo les pasa a todos los que escuchan música. Es por eso que me da igual que una persona escuche Camela, David Getta, The Stooges, Frank T, LOVG, Buddy Holly, Alt-j, Barón Rojo o loquequieraqueescuche. Si lo vive y la música le llega hasta las malditas entrañas, y hace que ría, que se estremezca, que llore, que baile, que se le ponga la piel de gallina… tiene todo mi respeto.

Vídeos de domingo que comparto un jueves

Los domingos eran, por definición, días feos. Jornadas en las que me levantaba (más o menos espabilada) y dejaba morir las horas teniendo en mente de manera constante que un amargo, cruel y tedioso inicio de semana estaba al llegar.

Ya no. Hace ya varios meses que no existen fines de semana al uso. Ni vacaciones al uso. La mañana de un sábado se puede convertir en la tarde de un martes, la noche de un domingo en la mañana de un jueves, y así todas las combinaciones posibles. Porque soy autónoma, y  como todos los freelance tienen grabado con tinta en el cerebro: si hay curro hay que sacarlo.

Suspiras cuando, en medio de una conversación, alguien suelta un palabro del estilo “convenio de…”, “baja de…”, “14 pagas” y términos similares. Es duro porque, en tiempos como los que corren, ni trabajadores por cuenta ajena ni autónomos imaginan algo relacionado con derechos laborales, conciliación familiar y laboral, etc. (saquemos a la mayoría de los funcionarios de este saco).

Evidentemente, esta realidad se traslada a los bares (centros neurálgicos de la vida social, lo sabemos) y a las conversaciones que allí se dan, habitualmente acompañadas de café o cerveza.  Tras meses de experiencia en este sentido (lamentablemente), puedo resumir todas las charletas relacionadas con la crisis económica, el paro, las condiciones laborales, etc. en  una escena: persona que, cabizbaja, dirige su mirada perdida hacia el café/cerveza, suspira y, desesperanzada susurra: “es que la cosa está muy jodida”.

Claro que estamos jodidos: lo sé, lo siento y lo padezco. Es la falta de ilusión, minada por meses/años de mierda acumulada lo que me hunde. No estoy inventando la rueda, ya que esta conclusión se ha trillado mucho en informativos, reportajes y medios de comunicación, jornadas, charlas y encuentros. Pero yo la asimilé hace unas semanas, tomando café con un grupo de amigos y escuchando sus testimonios.

Me dolió tanto ver que la realidad les había robado gran parte de su ilusión por hacer cosas en un futuro cercano que me pareció una obligación animar, dar alternativas y arrojar algo de luz en aquella mesa.

Pese a considerarlo un deber, no fue humo ni un discurso lleno de palabras bonitas para calmar la desesperanza. Hace pocos meses me di cuenta que allá por 2010 pasé una época en la que no tenía ilusión por nada (y cuando digo nada, es nada) que impide que, a día de hoy, me llenen al 100% los acontecimientos felices que vivo. Es jodido, pero es lo que hay. Es más, es lo que llevo viviendo durante dos años, pero no le había prestado atención hasta hace un par de meses. Fue entonces cuando me prometí que jamás, NUNCA, quitaría a nadie la ilusión sana por hacer cosas. Por locas que parezcan.

Pero volvamos a la mesa del bar. Mientras aportaba un poco de optimismo, me escuché y caí en la cuenta de que estaba siendo un loro. Estaba repitiendo frases, conceptos e ideas, cogidos de aquí y de allí, pero todos ellos de una misma fuente: TED. (Sí, toda esta parrafada es porque quiero compartir un vídeo (me he venido arriba)).

He devorado decenas de vídeos de temática tecnológica, social, científica… en este espacio y todavía me quedan muchísimos pendientes por ver. Suelo dejarlos para los domingos porque, ilusa de mí, considero que me aportarán el ánimo, la curiosidad o las ganas de empezar una nueva semana con más energía de la prevista.

Ahí va unos de los vídeos que les mandé cuando llegué a casa, después de esa tarde de café.

Puede que suene a libro de autoayuda, pero ¡qué demonios! de vez en cuando necesitamos escuchar a ese total stranger que nos envalentone para comernos el mundo y no entrar en el bucle autodestructivo de la pérdida de ilusión.

“Algunos hombres ven las cosas como son y dicen por qué. Yo en cambio, veo cosas que todavía no son y digo: ¿por qué no?”
Robert Kennedy

consejos para ciclistas (donostiarras)

El miércoles @Kallerwriter me recomendó “La historia de cómo recuperé mi bici“, un relato en el que Leo Voland (nombre ficticio pero molón) describe los pasos que dio para volver a montar en la bici que le acaban de robar. “Tú que andas en bici… tienes que leerlo” me animaba.

La cosa es que, ayudado por las nuevas tecnologías, su actitud detectivesca y un grupo de amigos, Leo Voland se curra toda una estrategia al margen de la ley para localizar su bici, contactar con el ladrón y recuperar el vehículo.

Nada más terminar de leer la historia me vi obligada a compartirla en Twitter. El mensaje, la actitud del protagonista, su cabezonería, los toques de humor, el halo peliculero… me enamoró. Me recordó tanto a las historias de Flanagan… ¡pero esta era real!

La releí y, no contenta con haberla compartido una vez, envié un mail a las personas que creía iban a disfrutar de la lectura tanto como yo. Entre ellos se encontraba un amigo que trabaja como policía municipal y que resumió el relato con un simple “¡Muy grande!”.

Debido a su cercanía con la problemática, me regaló unos consejos para “evitar” que me roben la bici (otra vez) y, si tal desgracia pasa, saber qué trámites llevar a cabo. Le pedí permiso para poder compartilo aquí y me dio el OK, así que copiopego tal cual.

(NOTA: ¡No seáis vagos y leed la “La historia de cómo recuperé mi bici” antes!)

1. ACLARACIÓN: Sí hay un registro de las bicicletas robadas/denunciadas. Pero si no hay denuncia no hay registro. El problema: la mayoría de las bicis denunciadas están sin datos suficientes, ¿qué datos? Leer más

¿Pa’ qué?

Hace un tiempo, tuiteé

Creo recordar que este comentario nació de la indignación al toparme con la cuenta de algún famosillo que superaba los 5.000 seguidores y no seguía a nadie. No era la primera vez que lo veía: si te dejas llevar por la hiperconectividad que brindan las redes sociales acabarás encontrando varias cuentas en Twitter con este mismo perfil.

No lo entiendo y, a menos que alguien me lo explique, jamás llegaré a comprender este comportamiento. Doy por hecho que esas personas utilizan Twitter como simple canal de emisión de información (ojo, no canal de comunicación), que se creen muy resabidillos como para seguir a otros o que, simplemente, no han descubierto la parte molona de esta red social.

Os presento a una vieja amiga:

Ñah.

A tope. Ni una persona del mundo mundial con una cuenta en Twitter puede aportar contenido de valor a la UPV/EHU. Así. Porque la UPV/EHU lo vale.

Y es que ni siquiera le interesa seguir a sus profesores, a los proyectos, a las facultades o a las iniciativas relacionadas con la universidad. ¿Pa’ qué?.

¿Pa’ qué ponerte a seguir gente que pueda aportarte conocimiento? ¿favorecer la conversación con alumnos, ex alumnos y futuros alumnos? ¿conocer las preguntas, opiniones o críticas de la gente?¿Pa’ qué?

¡Que somos la UPV!

El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco

A medida que vamos viviendo vamos siendo atrapados y desgarrados por diversas trampas. Nadie escapa de ellas. Algunos incluso viven con ellas. La idea es darse cuenta de que una trampa es una trampa. Si estás en una y no te das cuenta, estás acabado. Yo creo que he reconocido la mayoría de mis trampas, y he escrito sobre ellas. Por supuesto, no toda la escritura consiste en escribir sobre trampas. Hay otras cosas. No obstante, algunos dirían que la vida es una trampa. Escribir te puede atrapar. Algunos escritores tienden a escribir lo que ha complacido a sus lectores en el pasado. Entonces están acabados. La vida creativa de la mayoría de los escritores es corta. Oyen los aplausos y se los creen. Sólo existe un juez definitivo de la escritura, y es el escritor. Cuando se deja llevar por los críticos, los directores editoriales, los editores, los lectores, está acabado. Y, por supuesto, cuando se deja llevar por su fama y su fortuna, lo puedes tirar al río con la demás mierda.

Charles Bukowski

Voy a terminar de leer toda la bibliografía de Charles Bukowski este año. Fue una insensatez sacarlo de mi vida, así que toca corregir la trayectoria. Ya os contaré.

Lo peor de todo

Cuando estoy con padres aunque no sean los mios, me acuerdo de lo peor, de los años del colegio. Mi madre siempre decía que ir al colegio no es tan horroroso, pero pienso que hay muchas cosas que pueden matarme lentamente sin llegar a ser nunca tan horrorosas.

Ray Loriga

La ciudad es para mí

Qué de pueblo soy, madredelamorhermoso.

Hacía tiempo que no visitaba ciudades con más de 1 millón de habitantes. Y hay que hacerlo: al menos dos veces al año hay que perderse en el bullicio de una jungla de asfalto, en la que cientos de personas caminan hacia la misma dirección, los taxis aparecen al primer amago de mano alzada, las ropas, los pelos y la actitud no importa… en lugares donde sientes pequeños soplos de libertad entre bocanada y bocanada de polución.

No aburriré: sólo comentaros que tenéis que conocer un bar ubicado en un piso de cierta plaza catalana. No preguntéis nombre, ubicación o dato específico: no lo sé. Creo que la mayoría de personas que allí se congregaron el domingo asistieron porque tenían un conocido al que, a su vez, alguien llevó al lugar tiempo atrás.

Música en directo en un bar al que entras después de haber llamado al timbre y haber ascendido un par de pisos. Hogar de altura suficiente para reconocer que la construcción tiene más de un siglo de vida. Escasamente amueblado, pero con acierto, predominaba la oscuridad con una áurea rojiza. Me sorprendió que no oliese a humedad. Y el casi absoluto silencio que reinaba en el sitio, sólo roto de vez en cuando por unos cuanto aplausos.

Mágico, benetan.

Ya os llevaré si algún día pasamos por allí.

Cuestionarios Proust

Hace poco me regalaron el libro Cuestionarios Proust de Vanity Fair, una compilación de interrogatorios a 101 personalidades de la cultura que reflexionan “sobre el amor, la muerte, la felicidad y el significado de la vida”.

Más allá del libro de autoayuda que puede parecer ser, el ejemplar muestra la faceta más divertida, extravagante y curiosa de personajes como Arthur Miller, Martin Scorsese, Ray Charles o Giorgio Armani, entre otros.

Y es que a través de esta serie de preguntas, que nació como parte de un juego de salón parisino y servía como divertimento al círculo burgués novelista en el siglo XIX, te haces a la idea de cuáles son las prioridades de personas que han triunfado en la vida: familia, trabajo, amor o amistad. Cito estas cuatro porque, casi en el 100% de los casos, se centran en una de estas materias.

Después del último entrevistado, el músico y compositor Brian Wilson, se encuentran unas páginas en las que animan al lector a rellenar su propio cuestionario Proust “preferiblemente haciendo uso de una pluma de cálamo”.

Comparto las preguntas con vosotros para que podáis realizar vuestro propio cuestionario (en formato .doc, que es mucho menos glamuroso, pero igual de efectivo a la hora de establecer y detectar prioridades).

¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?

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Algo falla

Lo prometido es deuda. Ayer, tras el concierto de Neuman, tuiteé lo siguiente entre indignada y decepcionada

Reacciones:

Os cuento porque la cosa viene de algo antes, y cuando puse “la que peor se publicita” me refería a la propia sala, no a su presencia en agendas o medios de comunicación.

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éramos pocos y parió la abuela

Un churumbel la mar de majetón, sanote y guapo, que conste.

Ayer Neuman visitó la capital guipuzcoana para poner fin a una serie de conciertos por la zona norte que los han llevado a tocar, en algo más de una semana, a salas de Madrid, Segovia, León, Pontevedra, Vigo, Oviedo y Santander presentando su segundo trabajo, The Family Plot (sí, como la peli de Hitchcock).

Llegamos tarde a la cita (un clásico en la cuadrilla siempre que los conciertos empiezan a las 20.30, comprobado) y nos perdimos a Andrakan, que abrió la noche de manera más que satisfactoria según nos comentó una de las asistentes al bolo.

Al entrar, nos sorprendió que no hubiese más de una veintena de personas en el lugar. “A la gente se le habrá ido la hora, como a nosotros”, comentamos. Nos acercamos al escenario, frente al cual habían colocado tres sofás y varios taburetes para que los pocos afortunados que tuvimos el honor de disfrutar de su actuación estuviésemos como en el salón de nuestra casa.

Y vaya si lo estuvimos.

Arrancaron con Lovers, que abre su último disco, de manera tranquila, relajada e íntima. En esa línea, gozamos de I have the will y Friends, pero no creáis que no se movieron cabezas y pies a ritmo de la batería: con el sonido de Jane, Ben Gun, The Family Plot o La Yo, que van incrementando el ritmo de manera natural,  hicieron ver que no son carne de baladas y cds recopilatorios dignos del 14F: y que lo saben hacer sonando de puta madre.

Poco a poco, el vínculo entre el público y escenario se fue estrechando. Comenzó a sonar el piano y Paco se arrancó con un discurso de agradecimiento al grupo y a todos los que han participado en la gira. “Es una pena que no haya podido venir más gente, pero estamos muy a gusto”, confesó.

Pues sí, para qué nos vamos a engañar. Una pena que no asistiera más gente, sobre todo cuando ha sido un concierto que ha gustado (engañé a tres colegas para asistir y todos salieron satisfechos) y de calidad sonora.

Pero que nos quiten lo bailao. Ya comenté a mis acompañantes que creo que Neuman lo van a petar: si no es este año, el que viene. O con el próximo disco que saquen. Que será cuestión de tiempo, vaya.

¡Ojalá!
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29

Nunca dejéis que vuestra edad real supere en más/menos 5 años vuestra edad documental.

De nada.

Ya, ya…

No hay excusa que valga.

Hola otra vez. Se ha quedado buena noche, ¿eh?

Simplemente, no puedo

Durante nueve meses todo me supo a despedida. El último verano, mi último cumpleaños, las últimas navidades, tu último cumpleaños, nuestras últimas horas.

Estaba en lo cierto: fue el último verano, mi último cumpleaños, las últimas navidades, tu último cumpleaños, nuestras últimas horas.

Esa temporada todo lo demás se volvió secundario. Insignificante. Mi vida se llenaba de nimiedades a las que no merecía la pena prestar atención y con las que me entretenía cuando necesitaba huir, pero que no escondían ni calmaban el huracán de ideas, tormentos y tristeza que sufría en mi interior.

Ahora que ya no estás, que la despedida ha tenido lugar, todo se mantiene igual: las buenas vivencias y momentos me alegran pero no del todo. Los malos tragos duelen pero no me afectan.

Dicen que se pasa. Que es cosa del caprichoso “tiempo, que todo lo cura”.

Yo sólo sé que quiero contarte cosas y no puedo.

jo

Una canción entera y 2 minutos 25 segundos de otra.

Todavía me recuerda demasiado a ti para escuchar dos temas completos y no ahogarme en llantos.

Sinsentidos

Adelgazas y la zona del cuerpo en la que más se nota son las tetas. Engordas y la zona del cuerpo en la que más se nota es el culo.

Es un sinsentido.